Arte
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La poética de los residuos reúne nuevamente a Claudio Correa y Sebastián Preece

La exposición bipersonal Sin caer en el espacio considera el hallazgo como una pieza clave para la configuración, conceptual y formal, del trabajo artístico. Mientras Claudio Correa recolectó residuos del armamentismo, profesional y artesanal, que se utiliza en la revuelta de la actual crisis chilena, Sebastián Preece construyó una instalación a partir libros encontrados en una antigua bodega, enmohecidos por el paso del tiempo.

En el marco del estallido social, iniciado el 18 de octubre pasado, cualquiera puede capturar con su teléfono móvil lo que sucede en el epicentro de este conflicto, o la tensión en las zonas periféricas,  y difundirlo en distintas plataformas. El conjunto de estas imágenes mediatizadas va construyendo un relato paralelo a la realidad y la revuelta se vuelve, en cierta medida, imagen de sí misma. Claudio Correa analiza esa sensación de escenificación tras recorrer la Plaza Italia – devenida en “Plaza de la Dignidad” – y sus alrededores, recolectando desechos de esa batalla campal que se libra casi a diario en Santiago de Chile. El artista residente en Barcelona elaboró a partir de estos hallazgos las obras independientes y complementarias: Gif de plomo y Guerra de juguete.

Respecto al enfoque de estas obras, la curadora Pía Cordero reflexiona: “La mediación tecnológica de los acontecimientos caracteriza de manera acrecentada nuestra relación con el mundo. Bajo esta condición, las imágenes se han convertido en abstracción y han provocado un abismo entre el ojo que mira a través de la cámara y el mundo que hay delante de ella».

Gif de plomo es una instalación lumínica de unas bases de micrófonos intervenidos, que proyectan los culotes de lacrimógenas y perdigones policiales, pareciendo atravesarlos. Las proyecciones generan una breve animación en torno a los reflejos de los proyectiles, los que mediante flashazos de luz emulan el obsturador de una cámara fotográfica, sugiriendo analogías con el disparo de un arma.

En Guerra de juguete, el artista dispone una larga cinta de balas, con más 300 proyectiles, que en su interior contienen bolitas, o canicas, de vidrio, un elemento que en Chile es usualmente lanzado como proyectil por los estudiantes en contra de la policía. Correa reutiliza las bolitas, como una suerte de kit de juguetes de guerra, donde contrapone el metal pulido de los proyectiles con el vidrio abollado de las canicas, para generar un hibrido brillante, que refleja la luz, contracara de la estética arquitectónica posmodernista de espejos.

Ambas obras establecen una continuidad con otros proyectos recientes de Claudio Correa, en torno a la cosmetización y el fetichismo de la violencia. Observador acucioso de la revuelta chilena, no concentra su obra en denunciar la evidente desigualdad de condiciones en los instrumentos de combate, sino que – aun considerando esa circunstancia – busca poner en escena los niveles de agresividad del conflicto. Armas represivas y reutilización de objetos domésticos en la resistencia, todo ello conforma en su obra un marco que relativiza la violencia, situándola en un plano de juego e incluso de simulacro. Este escenario suma el elemento simbólico en arengas, afiches, slogans, performances, registrados y teatralizados en un nuevo imago mundo de incesante circulación visual.

Pía Cordero acota: “la violencia es inmovilidad. No es acción, sino coacción; no es alteridad, sino alienación. No solo es de la carne o de la enervación de la piel, sino también del lenguaje y de las imágenes. Ante este estado de cosas, es imprescindible preguntarnos ¿Cómo poetizar la inmovilidad que detiene y destruye nuestra imaginación?”.

Papeles obsoletos, nueva germinaciones

En su trabajo artístico, Sebastián Preece suele realizar exploraciones en terreno entre la naturaleza y las edificaciones; sitios eriazos, ruinas, refugios abandonados, etc. son algunos de los contextos que motivan sus investigaciones. Y esta vez, en un similar registro artístico- arqueológico, presenta la instalación Libros, trabajo que surge de un hallazgo de libros encontrados bajo tierra y en estado de descomposición, en las ruinas de una casa de adobe en el campo, cerca de la ciudad de Los Ángeles (VIII Región de Chile). Preece realizaba excavaciones en ese inmueble, inhabilitado como residencia luego de un terremoto, y aprovechado en parte como bodega. Buscaba allí ciertas huellas autobiográficas para su proyecto De Los Ángeles y demonios, modelo de un retrato de familia, y fue sorprendido por estos ejemplares en distintos idiomas y de temáticas tan diversas como medicina, poesía y unas actas de la Cámara de Diputados de la República de Chile, fechadas entre los años ’50 y ’70 del siglo XX.

Luego de catalogarlos y registrarlos fotográficamente, guardó estos ejemplares en cajas de vidrio y los conservó tal cual: húmedos, descompaginados, con restos de tierra y a medio destruir por la presencia de gusanos. Así los mantuvo durante dos años, bajo un régimen de riego regular y exposición al sol, permitiendo germinar la vegetación silvestre impregnada a ellos, transformándose en tierra de páginas. Cuando, finalmente, suspendió el procedimiento de conservación, los libros se  deshidrataron hasta secarse y resquebrajarse, obteniendo de ellos papeles de distintos gramajes.

Reunidos en la exposición, los Libros de Preece conforman micro paisajes, e incitan a explorar analogías entre el territorio geográfico y el territorio textual. El artista acostumbra observar los ciclos de vida de las cosas; a través de investigaciones de largo aliento, descubre cómo estas envejecen o se transforman. Remueve física y psíquicamente la memoria material de los lugares, hurgando, construyendo y deconstruyendo, encontrando pistas que pueden ir definiendo lo que finalmente se encarnará como obra. De esta manera, en su procedimiento coexisten pasado, presente y futuro.

“Sebastián Preece nos sitúa paradójicamente en las interferencias, las ruinas y los objetos en descomposición, los cuales quedan fuera del relato oficial de la historia – analiza Pía Cordero – Sus Libros, a pesar de estar convertidos en polvo y pedazos de papel, se articulan como crítica a la política centralista de Chile, cuya cara visible es el empobrecimiento y marginación periférica”.

Sin caer en el espacio es un proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (FONDART) 2019 y se exhibirá en la Galería AFA hasta el 15 de abril de 2020.

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