Raúl Hernández. Bibliotecario, editor y escritor. elespiritucotidiano.substack.com
Hace unas semanas pude asistir al recital de Candelabro en el Teatro La Cúpula presentando su último disco Deseo, carne y voluntad y debo decir que estuvo increíble. Una gran experiencia sonora y energética dentro de lo que llaman la “nueva escena chilena”. Y me quedé pensando: ¿Qué hace que este fenómeno de bandas jóvenes de art rock, jazz rock, indie rock o como queramos nombrarlos, estén impactando tanto en la movida musical nacional y también internacional? Bandas como Hesse Kassel, Asia Menor o Chini.png, no dejan de sumar adeptos, agotando entradas para sus recitales y memorizando los coros de sus canciones que entonan a gritos, mientras saltan entre la muchedumbre en una especie de catarsis colectiva.
Como un asiduo escucha de estas nuevas bandas (formadas durante o después de la pandemia) siento que existen hilos conductores que pueden explicar un poco este momentum. Uno de ellos, pienso, es la capacidad de organizar buenos recitales, con varias bandas a la vez, en lugares que han sido una especie de semillero, como el Centro Cultural Rojas Magallanes. También está el hecho de vivir una especie de “deconstrucción” con el eterno centralismo que siempre ha existido en Chile y que ahora parece mutar a una visión más de país. Es así como podemos ver y escuchar en esta misma camada a bandas como Cámara chilena de la destrucción y Todos mis amigos están tristes (Temuco), Aeródromo y Suaaave (Concepción) o El significado de las flores (Valparaíso). Todas ellas tocando en regiones y en Santiago.
Otro pilar fundamental que visualizo es el apoyo de radios rockeras y revistas digitales que cubren los recitales de estas bandas, generando entrevistas y reels con extractos en vivo de sus actuaciones, lo que alimenta sin duda la cobertura de estas propuestas, generando entusiasmo y ganas de participar también en el moshing moviendo la cabeza. Es así cómo conocí, por ejemplo, a la banda Estoy bien, que disfruté mucho durante este verano con su estilo emo y pop punk.
Y a veces, cuando veo tan activa esta camada, me pregunto: ¿en qué momento ensayan? Porque siempre están tocando, y la mayoría no tocan canciones de tres notas o con coros minimalistas. No, la norma incluye en sus repertorios sendas canciones de más de 6 minutos, con saxofones, guitarras afiladas, cambios bruscos y coros memorables como: ¡¡Ladran sancho que vamos pasando!! ¡¡Habrá que levantarse a construir!! ¡¡No tiene nombre, no se llama de ninguna forma!!
Y sigo descubriendo más bandas, la mayoría muy jóvenes, como Cóclea, Teodioteodio y Cicuta, bordeando estilos como el math-rock, el post-rock y el noise, con una pizca de screamo, en donde el grito pasa a ser un instrumento más. Todo esto con un acercamiento al spoken word y la poesía chilena. También aparecen propuestas que se acercan al rap y el jazz, como la novedosa banda Scott y Los Pelmazos. Y ya directamente navegando en el midwest emo y post-hardcore, podemos escuchar bandas como La estrategia del caracol, Destruyendo autos y Mala postura.
Y suelo ver en Youtube tremendas actuaciones en vivo de algunas de estas agrupaciones que, además, hay que decirlo, la mayoría de estas grabaciones estàn en muy buena calidad, filmadas con interesantes propuestas visuales, en colores y blanco y negro, con buenas cámaras, estilo y edición. Un nivel “pro” que se agradece y es preciso valorar.
Y es que para uno, que se formó escuchando el indie rock de los 90, junto al shoegaze, hardcore y grunge que también sucedía alrededor, todo esto llega de forma muy placentera. Y si a eso le sumamos la herencia de la música chilena de los 80 y 70 que se percibe a veces (pienso en Congreso, Fulano, Los Prisioneros y Electrodomesticos) queda todo muy bien diseñado, llenándonos de sorpresa y entusiasmo en tiempos en que las malas noticias suelen abundar.
Son varios los factores que hacen que todo esto esté pasando, como lo podemos apreciar. Lo importante, sin duda, es disfrutar esta instancia de creación y apoyar este impulso genuino. Por supuesto, en temas de gustos, cada uno sabe si le interesa o no estas propuestas. En lo personal, me da gusto presenciar y ser parte también (como público o escribiendo esta nota) de esta movida esencial para seguir sumando voces que se escuchan después de desalambrar. Porque si, es verdad, todas estas canciones permanecen en la mente y en mi cabeza no paran de sonar.

