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Atrocidades y escombros: Máximo Corvalán-Pincheira habla sobre el río que instaló en el Museo de Bellas Artes

Texto: Rodrigo Castillo 
Fotografías: Jorge Brantmayer

Un río de agua de color chocolate cruza el hall central del Museo de Bellas Artes. El fenómeno, que de inmediato evoca la imagen del Mapocho, es responsabilidad del artista Máximo Corvalán-Pincheira, quien, para hacer circular el líquido, ensambló un mecanismo que incluye tres bombas sumergibles. Éstas impulsan el fluido, que luego cae por una serie de canaletas inclinadas, volviendo siempre al punto de inicio y manteniéndose, así, en un ciclo ininterrumpido de movimiento y oxigenación.

“Esta obra es un site specific, porque fue concebida específicamente para este recinto. Por estas canaletas circulan cerca de 5 metros cúbicos de agua que en gran parte fue extraída del río Mapocho, y que está tratada con diversos componentes para evitar problemas sanitarios. También agregamos pigmentos que se usan en repostería, para darle al agua ese tono café que caracteriza al Mapocho”, explica el autor, quien nació en 1973 y desde 2012 viene trabajando con circuitos líquidos que le permiten reflexionar sobre temas como la política, el poder y el control.  

“Por mi historia personal, la primera connotación que aparece en este trabajo se relaciona con la actual conmemoración de los 50 años del golpe militar, porque el Mapocho fue el primer lugar donde se vieron evidencias de las atrocidades cometidas”, dice el expositor, aludiendo al hecho de que su padre, Ricardo Pincheira Núñez, fue asesor del presidente Salvador Allende y se convirtió en detenido-desaparecido tras defender el Palacio de la Moneda durante el bombardeo del 11 de septiembre de 1973.

“Inmediatamente después del ataque a La Moneda, los escombros del palacio fueron tirados a las riberas del Mapocho. En los siguientes días, empezaron a verse cuerpos flotando en el río, así como también se avistaron otros que quedaron atrapados en las orillas. Al margen de ese aspecto político, claro, esta obra también puede entenderse desde la historia misma del río, desde los tiempos incaicos hasta los actuales problemas ambientales y la situación de los niños que aún viven bajo los puentes”, explica el autor.

La instalación, que mide cerca de 21 metros de largo y se titula “Oír-Río”, puede verse hasta el 3 de marzo en el Museo Nacional de Bellas Artes. Máximo tuvo la ayuda de la productora Cristina Bianchi y de la curadora Claudia Cofré. 

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