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Despersonalización [Relatos en cuarentena]

Quizás fallecimos frente al computador y no nos dimos cuenta. Quizás fue mientras introducíamos la contraseña para empezar una nueva reunión por Zoom, ahí dejamos de existir y la versión nuestra que sigue funcionando en internet y redes sociales es una generada de forma espontánea con toda la información que hemos subido a la web voluntariamente, una versión virtual para que sigamos produciendo después de muertos; una versión mejorada que no se cansa ni saca la vuelta, que responde los correos a tiempo y que lava la loza sin mojarse la ropa. 

Antes, en la otra vida, solía burlarme de mis compañeros que elegían vivir cerca de sus lugares de trabajo, ¿hasta qué punto sus vidas pueden girar en torno a la pega? -me preguntaba. Pero en aquel entonces, vida y pega aún se podían concebir como ámbitos o esferas separadas. En cambio, en este escenario pandémico, lo que hay es una dimensión nueva y extraña, donde no queda clara la diferencia entre ambas, tampoco los límites; dónde acaba una y empieza la otra: puedes trabajar en pijama o puedes estar en plena reunión y te acuerdas de sacar las verduras del refri para hacer el almuerzo. Ahora no se vive en torno al trabajo; ahora vida y trabajo son la misma cosa. El resultado es una forma de existencia precaria y sin sentido, donde todo es repetitivo. Quizás estamos esperando contagiarnos para que eso marque un cambio en nuestras vidas, quizás esperamos morir frente al computador o quizás aquello ya ocurrió.

Pasa algo cuando nos perdemos en la rutina, dejamos de tener conciencia de las cosas que hacemos, funcionamos como autómatas. Iba a poner zombies, pero me parece un recurso muy gastado. A mí me pasa lo siguiente: desde hace un tiempo, lo que estoy viviendo no siento que lo estoy viviendo, ¿se entiende? Todo me parece muy lejano, como si lo estuviera viviendo en segundo plano o a través de otra persona. Busqué en internet, lo más parecido que encontré fue el concepto de despersonalización. La primera vez que tuve conciencia de esto, estaba acampando en la montaña con unos amigos, les dije: no siento que estoy viviendo esto, y ellos me miraron raro. Es culpa de la rutina, lo sé, funcionar de forma tan mecánica que ya las cosas pierden sentido, pero aún así me da miedo. ¿Qué pasa si hago algo malo y no tengo conciencia de aquello? ¿Qué pasa si atropello a una persona y todo me parece lejano, como si fuera otro el protagonista? Por suerte no tengo auto y tampoco sé manejar.

Este texto lo escribo a las cuatro de la mañana. A las 04:06 para ser exacto. Me levanté al baño y dejé salir a mis perros para que también fueran a mear, cuando abrí la puerta aproveché de ver si había nevado, tal como anunciaron en internet. Me desilusioné por no encontrar el patio cubierto de blanco, ¿acaso los medios no se cansan de mentir? Cerré la puerta, les dije algo a mis perros y bebí un vaso de agua, sé que no debería hacerlo, sé que pronto tendré que levantarme nuevamente al baño y repetir todo el proceso, quizás ahí sí va a estar nevando. Marcelo de Cachureos cantaba: “no tomes tanta bebida antes de irte a dormir”, supongo que lo mismo se aplica al vaso de agua. Vuelvo a la cama e intento dormir, ¿realmente hice todo eso? El repentino sonido de la lluvia sobre el techo me dice que sí, que lo que acabo de hacer fue real. Entonces puedo dormir.

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