Arte, Cultura, Música
Deja un comentario

Arranques y alternadores: el garage mítico de Matucana

Raúl Hernández, Bibliotecario, editor y escritor. elespiritucotidiano.substack.com 

Voy caminando por la calle Matucana en Santiago, casi llegando a la Estación Central. Y miro hacia la vereda donde estaba el mítico Garage Internacional Matucana 19, lugar icónico de la movida contracultural de los años 80, en donde tocaron bandas como Electrodomésticos, UPA, Viena, Fulano, Tumulto, Fiskales Ad-Hok, entre muchas otras. Cuando paso por ahí, siempre miro la fachada de este emblemático espacio, en donde pintaron un mural hace un tiempo que ya se está descascarando.

Pues bien, esta vez, mientras pasaba frente al lugar, vi un cartel grande que decía «Se vende». Y me incomodó ver ese letrero, fue como un anuncio de peligro. Si bien el garage cultural dejó de funcionar a comienzos de los años 90, ver en la actualidad la fachada y su permanente existencia hace más visible su historia. Es muy probable que lo quieran transformar en bodega o tienda de baratijas, quién sabe. Ojalá no intervengan el galpón y la fachada. Al llegar a casa, comencé a releer parte de la historia de este lugar. 

He tenido la posibilidad de compartir en varias ocasiones con Jordi Lloret, poeta, gestor cultural, precursor y dueño de este espacio en aquellos años de toque de queda, en donde además de bandas musicales, se proyectaban películas, se realizaban fiestas con danza, teatro, poesía y performances y también se realizaban diversas manifestaciones, como cuando vino a Chile el actor Christopher Reeve (Superman) para apoyar a un grupo de actores que habían sido amenazados de muerte por un grupo afín a la dictadura. 

De la historia del Garage se han publicado algunos libros como Matucana 19: el Garage de la resistencia cultural (Ocho Libros, 2019) y Garage Internacional Matucana 19 (La Calabaza del Diablo, 2005). También se pueden encontrar diversos artículos de prensa y algunos videos navegando por la web. 

Y pienso ahora en los términos «contracultura» o «resistencia cultural», que me quedan dando vuelta después de leer acerca del Garage. Pienso en el temple y la energía de lo que sucedía ahí. Y luego recuerdo una frase que vi alguna vez en una exposición del artista argentino Roberto Jacoby. «El deseo nace del derrumbe». 

Quizás en la sociedad actual chilena cueste mucho levantar proyectos que generen unidad, para soñar en conjunto un futuro esplendor. Es por eso que debemos aprender y revalorizar el trabajo colaborativo, pienso, como un acto de contracultura al individualismo de esta sociedad. En esta etapa, gestionar una actividad artística, que convoque, genere intercambio y conversación, se vuelve algo fundamental para accionar y no perder el entrenamiento. Pienso en la feria Kontrabando y en los recitales que se realizan en el Centro Cultural Rojas Magallanes, como buenos ejemplos de este espíritu llevado a la actualidad. 

Porque si pensamos nuevamente en cómo se armaba la escena cultural de los años 80, esta era con una fuerza y sobrevivencia espontánea, con dolor y esperanza a la vez. Si pudieron en aquellos años generar estas instancias de resistencia, ¿cómo no poder hacerlo ahora y hacerlo permanente? ¿Será necesario invocar el impulso después de la derrota, el empuje después del estremecimiento?

Y vuelvo a mirar la foto que tomé del Garage Matucana 19. «El garage no se vende», pienso. Pero el garage de los 80 ya no existe, está todo en transformación, en constante transformación. Y se vuelve necesario reactivar la creatividad en pos del buen vivir. Son tiempos convulsos. Tiempos en donde se reinstala la actividad cultural y se posiciona en alerta. Hay que tirar ideas. Por lo pronto, escribo esta remembranza a la actitud correcta. 

Deja un comentario